viernes, 1 de junio de 2018


RELATO DE EXPERIENCIAS ARBOLSOLINAS.
Este año fue un año de cambios y retos nuevos, iniciando con la desintegración de mi antiguo grupo comunitario, “El Chorro”, y la nueva incorporación a uno de los grupos que quedó bien posicionado el ciclo pasado, “Arbolsol”.
Conocer Arbolsol se dio tarde en mi caso, ya que tuve que esperar a iniciar clase para conocer esta comunidad, muy distinta dígase a lo que yo estaba acostumbrada en El Chorro, ya que se trataba de un caserío más pequeño, en comparación de la extensión del Chorro, y con muchos menos pobladores.
A pesar que en vacaciones nos reunimos más de una vez para que este nuevo grupo que me albergó me comente y muestre información de su resultado, actividades y estudiar un poco a profundidad la labor de un comunicador para el desarrollo, muchas mañanas de cine eran netamente para ver videos y videos de comunicación para el desarrollo y videos sobre botiquines comunales en Perú, así fue que conocimos el Botiquín Comunal “Los Niños Primero”, dónde Cinthia luego viajaría para conocer más a fondo la composición y desarrollo del mismo.
Según lo que pude escucharen esas pláticas y lo que pude verificarlo en el blog colectivo, las agendas comunitarias se basaban en temas concretos: la chacra, el sembrío, la preocupación por la falta de apoyo en la posta médica del sector, el colegio de los niños, ya que adolecentes hay muy escasos, y la edad mínima para ser madre o padre oscila en los 20 a 23 años, y los animales.
Donde los diálogos más recurrentes son la crianza de los animales y el colegio de los niños, ya que nuestra alianza Cáritas también realiza labores en la zona de Arbolsol y los padres sin falta envían a sus niños, no solo de la zona de San Antonio, sino de otras zonas aledañas a las capacitaciones en materias escolares, que ayudan a uniformizar y reforzar el aprendizaje de los niños, pero a pesar que dentro de la agenda se encontraba el tema de salud no hacían más que mostrar su malestar por la deficiencia de la atención en la posta médica, y no tomaban “cartas en el asunto” ni siquiera de informarse cómo solucionar sus problemas de salud sin tener que asistir desde la madrugada por un cupo en la posta de salud.
Después de esa visita pude conocer más a fondo la comunidad, y luego de eso, pudimos visitarla en nuestra primera actividad, dónde las madres aún desconfiadas hacia mí, porque jamás me habían visto, más que el día de la activación, preferían conversar con mis otros compañeros, hasta que iniciamos y pudimos hablar con alguna de ellas que podían contarme lo que sucedía a groso modo dentro de la comunidad.
Para nuestra segunda actividad la relación se enlazó más, ya que la ginkana no solo hizo que ellas se comunicaran entre sí para los juegos, sino ya se acercaban hacia mí para cualquier pregunta o duda. Pero lo más reconfortante fue que no solo logré comunicarme de manera fluida con ellas, sino que también descubrí de qué manera les había impactado el conocer más sobre la vida sana en nuestra primera actividad, ya que no solo muchos de aquellos niños estuvieron prestos a participar en los juegos, sino también hicieron de manera correcta y entusiasta el túnel de lavado de manos que fue lo que se practicó en la primera actividad, con eso pude darme cuenta que nuestro trabajo había dejado una pequeña huella en la comunidad San Antonio de Arbolsol y que poco a poco el tema de la salud ya no es un tema pasivo en su agenda ciudadana, sino ya ellos se estaban apropiando de ese desarrollo.

Madres Arbolsolinas compartiendo entre ellas el correcto lavado de manos actividad n°1 
Niña arbolsolina aplicando lo aprendido en la actividad n°1, en la dinámica de la actividad n° 2,
mientras su madre capta el logro de su pequeña en foto. 


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